Sam Dunn - Metal, a Headbanger's Journey. (2005)
11 septiembre 2010
"Y aquí estamos, 35 años después de que Black Sabbath tocó por primera vez la nota del Diablo, y la cultura del metal sigue prosperando. Una nueva generación de fans ha emergido, y la vieja guardia sigue resistiendo. Pero emprendí este viaje para responder una pregunta: ¿Por qué el Heavy Metal ha sido constantemente estereotipado, rechazado y condenado?. Y lo que tengo claro es que el metal confronta lo que preferimos ignorar, celebra lo que a menudo renegamos, y es indulgente con aquello que más tememos. Y es por eso que el metal siempre será una cultura de marginados. Para los jóvenes, es un lugar del cual sentirse parte donde puedes experimentar otras posibilidades y trascender la vida cotidiana de manera muy gloriosa. Y es purificante. Creo que el metal cumple la tarea de limpiarnos y liberarnos de mucha tensión. Es una catarsis. Quieres hacer que la gente brinque y tumbe los muebles... Ya sabes, para eso és. Cada persona responde a su manera, de un modo diferente. Es algo distinto a tu vida mundana. Se trata de lo que, tal vez, lo que la gente siente, sea tanto o más importante que lo que ellos piensen. Para los metaleros el bien, la belleza y la verdad estan ahí, sobre el escenario. ¿Es el metal un sacramento? Para algunos, lo és. Si mantiene a los chicos vivos y les dá esperanza, si les dá un lugar del cual sentirse parte, si les dá una sensación de trascendencia, entonces, creo que es una fuerza espiritual, una senda hacia Dios. Desde que tenía 12 años, tuve que defender mi amor por el Heavy Metal contra quienes lo calificaban de forma de música "barata". Mi respuesta ahora es que o lo sientes o no. Si el metal no te provoca esa arrolladora sensación de poder, y no hace que se te ericen los cabellos de la nuca, tal vez, nunca lo comprendas. ¿Y sabes qué? Eso está bién. Porque, a juzgar de los 40.000 metaleros que me rodean, estamos bastante bién sin tí."
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